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  • Manuel Ochoa

El nuevo mundo en que vivimos

Alrededor del mundo es evidente la falta de liderazgo político. Tanto a nivel nacional como subnacional hay una creciente desconfianza en las instituciones por parte de los ciudadanos. A nivel global sucede lo mismo, las grandes instituciones de gobernanza internacional están perdiendo legitimidad, lo cual ha generado una crisis de gobernanza global.




Estamos ante un nuevo orden en el que las transformaciones sociales y económicas suceden a gran velocidad; los individuos, las empresas, las organizaciones de la sociedad civil y los Estados se enfrentan a cambios de paradigmas con resultados aún desconocidos. Las potencias mundiales han sido superadas en términos de poder económico por las economías emergentes, el poder está mucho más fragmentado y distribuido, hay un creciente vacío de poder global.


De acuerdo a datos del Foro Económico Mundial, en 1950 Estados Unidos y Europa acumulaban 50% de la riqueza mundial, mientras que China e India solamente el 8.7%, en el presente año 2016 Estados Unidos y Europa acumulan solamente el 34%, en contraste China e India el 25%.


Los países emergentes, que podríamos denominar E-7, conformado por China, India, Brasil, Rusia, México, Indonesia y Turquía han logrado acumular mayor riqueza que los que conforman el histórico G7 de Alemania, Francia, Canadá, Estados Unidos, Italia, Japón, y Reino Unido.


La geopolítica esta cambiando, el área de poder económico se traslada de occidente hacia el pacífico, el TPP es un claro ejemplo de lo anterior. Sin embargo, China, la gran potencia asiática, aún tiene que superar varios retos internos para poder ser el próximo líder global: mayor costo de su mano de obra, el cambio de modelo económico ahora basado en el consumo interno, burbujas de crédito inmobiliario, contaminación creciente, y una constante corrupción.


Los actores no estatales han ganado poder gracias a la tecnología que ha creado una sociedad civil global, derrumbando las barreras físicas, con una ciudadanía global con capacidad para exigir resultados a sus gobiernos a través de una activa participación social y política mediante la tecnología. A la par, varias empresas han generado valor de manera exponencial al punto que han superado el nivel de capitalización de países completos.

Ante este escenario global cada país necesita responder adecuadamente para afrontar la crisis de gobernanza global y los retos económico-sociales globales, México no es la excepción.


En México es necesario fomentar la innovación y creación de talento mediante políticas públicas enfocadas en la concentración de talento en nodos empresariales que busquen el aprovechamiento de la híper-especialización por parte de pequeñas y medianas empresas.

Ante al entorno económico que vive el país existe el gran riesgo de que en un futuro próximo exista desempleo estructural, es decir, crecimiento sin generación de empleo; para evitarlo, una política pública de captación y creación de talento innovador es urgente.




El gran reto de las economías emergentes, y en el que México podría jugar un papel clave es el de conciliar la diversidad, encontrar el punto común entre las necesidades y prioridades de cada una de ellas. Si se lo propone, México tiene la oportunidad de ser un líder global de las economías emergentes al fomentar y promover la coordinación y cooperación multilateral.


Y es que Estados Unidos, nuestro vecino del que dependemos tanto, ha iniciado un repliegue de su liderazgo en el mundo, la opinión pública norteamericana tiene poco apetito de fungir como policía global.


El principal objetivo de Estados Unidos es consolidar su recuperación económica, y resolver cuestiones de política interna. Adicionalmente Estados Unidos tiene cada vez menor interés en el medio oriente ya que ha logrado una menor dependencia energética del exterior, en los últimos 10 años ha duplicado su producción de energía, el gas shale, obtenido mediante el fracking, representa ya el 40% del gas natural del país, reduciendo considerablemente las importaciones, e iniciando próximamente con exportaciones. Estados Unidos ha consolidado su soberanía energética.


Lo anterior pone a México en la necesidad de consolidad alianzas geopolíticas estratégicas con otras economías que le permitan exportar los recursos energéticos que posee el país, y que se pretenden potencializar a través de la reforma energética.


El mundo como lo conocíamos ha dejado de existir, se acerca un mundo tecnológico basado en el internet de las cosas, empresas más grandes y más poderosas que países enteros, una nueva demografía con una población más vieja, crecientes vacíos de poder globales, una ciudadanía global más conectada y exigente, instituciones debilitadas, legislación con una dinámica muy por detrás de los cambios, y nuevos paradigmas productivos de hiper-especialización. Sin duda, el futuro que imaginábamos ya es el presente de hoy.


El reto está en afrontar, como individuos de un mundo localmente global, los nuevos paradigmas para fomentar una arquitectura de gobernanza mundial que nos lleve a ser mejores como generación en este pequeño punto en el espacio y tiempo de la raza humana.

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