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  • Manuel Ochoa

Los migrantes ya no son mexicanos

Los recientes vídeos de la crisis humanitaria que se vive en Estados Unidos con miles de niños encerrados en celdas estadounidenses separados de sus padres, y sin saber dónde se encuentran estos últimos hace necesario analizar la nueva dinámica de migración que se vive hacia Estados Unidos. Existen ciertas pre-concepciones y paradigmas acerca de la migración que comienzan a dejar de ser ciertas, los migrantes que han llegado en los últimos años hacia Estados Unidos ya no lo hacen principalmente por razones económicas, datos de organismos internacionales indican que la migración hacia el vecino país del norte ahora se realiza para escapar de la violencia que se vive en los países de origen de los migrantes. El segundo paradigma que se debe eliminar, es que la mayoría de migrantes que llegan a la frontera estadounidense de manera ilegal ya no son mexicanos, en su mayoría son migrantes centroamericanos que vienen de Guatemala, Honduras, y El Salvador, países con un alto índice de violencia y delincuencia.


Los mexicanos detenidos y deportados en Estados Unidos pasaron de ser anualmente 1.6 millones en el 2001, a solamente 190,000 migrantes mexicanos detenidos y deportados en el 2016, una reducción impactante en un periodo de 15 años.


Por su parte, los homicidios dolosos en el continente americano han crecido a niveles nunca antes vistos, con un promedio en la región de 25 homicidios por 100 mil habitantes, cuando en el año 2000, la cifra era de 15 homicidios por 100 mil habitantes, si la tendencia sigue así, en el 2030 tendremos una tasa de de 40 homicidios por cada 100 mil habitantes, un nivel completamente inaceptable.


Para poner lo anterior en perspectiva, África tiene una tasa de 7 homicidios por cada 100 mil habitantes, la mitad de lo que vive la región americana, cuando el paradigma de pensamiento tradicional nos dice que África es una región más violenta que América, los datos duros nos indican lo contrario. La violencia en nuestro continente se ha vuelto la más alta a nivel global.


Específicamente en Honduras, Guatemala, y El Salvador, la enorme mayoría de la población ha sido victima de la inseguridad y la violencia. En Honduras 55% de la población que ha sido victima tiene intenciones de migrar del país, en El Salvador el 44%, y en Guatemala el 23%. Lo anterior acorde a un estudio realizado por Vanderbilt University.


El mismo estudio muestra que a un migrante de estos países que ha sido victima de la violencia en su país, no influye en su decisión de migrar o no, la alta probabilidad de ser detenido en Estados Unidos y deportado a su país de origen.


La crisis migratoria que se vive en nuestra región, con el desplazamiento de cientos de miles de familias buscando un refugio a la violencia, es una crisis humanitaria de grandes proporciones, a la que no se le ha puesto la debida atención. Peor aún, las políticas que se están implementando para atender esta situación, son en su mayoría de orden restrictivo, buscando cerrar físicamente las fronteras, con militarización, muros físicos, y tecnología que inhiba el desplazamiento; y no son políticas de orden legal y humanitario como se debería atender el problema realmente.


Tanto el gobierno mexicano como el gobierno estadounidense necesitan dimensionar la crisis humanitaria que se vive en la región, y crear políticas con un enfoque humano, y no restrictivo que atente contra los derechos humanos de los centroamericanos que huyen de la violencia.


También es necesario fomentar la colaboración gubernamental con Honduras, El Salvador, y Guatemala para buscar reducir los altos índices de violencia que se vive en la región, situación que también vive nuestro país. Solo a través de una política internacional de cooperación se podrá atender esta grave crisis, todos somos americanos.


El futuro gobierno de México tiene un gran reto por delante, tener expertos en política migratoria con enfoque en derechos humanos al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores y del Instituto Nacional de Migración. Lo anterior será fundamental para atender la crisis humanitaria más grave que ha vivido la región en mucho tiempo. La responsabilidad es compartida.






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